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"Todo empezó en 1905, cuando una española emprendedora, Rosalía Dávila de Chousal, se lanzó a la aventura. Entonces, los caserones montevideanos respiraban al compas de arañas enfundadas y muebles vestidos hasta el suelo como si la decencia no fuera una preocupación exclusiva de las señoritas de la casa, sino de la familia toda, cuando el horror al vacío que contagió la decoración de principios de siglo abrigaba a atiborrar todas las habitaciones con cuanto bibelot, ropero, carpeta y sofá se le ponía al cruce del decorador de turno. Eran casas con mucho clima (a veces con otro tipo de clima, bastante frio) pero esa desmesura, debía ir acompañada inevitablemente de un generoso personal de servicio que nacía, se desarrollaba y moría con un plumero en la mano. Ya entonces las señoras se reunían en la tarde, en la "tardecita" entre sopores de alcanfor, arrumacos de duvet y coqueteos con el licor de coquitos, para festejar y revelar las bondades o los vicios de sus fieles servidoras. Alertada sobre el tono de esas conversaciones demasiado parecidas a las quejas aparece, doña Rosalía, dispuesta a poner calma en el mar encrespado de la burguesía capitalina, su finalidad era terminar con esos descontentos, encargándose de proporcionar personal de servicio, a las respetables matronas, que atronaban al descubrir polvo en la manito de la pastora de Biscuit, que presidía la vitrina de la sala. De sus corridas de arriba para abajo, atendiendo pedidos y buscando muchachas para cumplirlos, le nació el nombre, La Corredora, pero también le sobrevino un prestigio que el tiempo no ha podido disimular, en Montevideo había nacido una nueva profesión". (Fragmento de El Diario El Pais, Domingo 24 de Noviembre de 1968)

107 años después, nos encontramos con la señora "Nenucha" siendo la Cuarta generación al timón de la empresa, "Como ya le dije, fue mi bisabuela, la que empezó con el negocio, que al principio se llamo ´La Corredora´, cuando estaba en Canelones 1754, pero después, vino mi Abuelo, que se llamaba Manolo, y la gente empezó a decir, Manolo de aquí, Manolo de allá...y le quedo el otro nombre".

Así nace la Agencia Manolo, encargada hace cinco generaciones, de prestar servicios domésticos y otros, siendo la pionera en el rubro y manteniéndose tan vigente como hace 107 años.